• florcita motuda – florcita motuda (1977)

2010/04/21

La discografía de Flor Motuda es un caos que al patrimonio musical chileno no tardará en pesarle. Sus temas más conocidos, esos inmortalizados en festivales, aparecieron primero en singles y jamás llegaron a ordenarse en álbumes con la producción adecuada. Asombra que un cantautor de su importancia no haya publicado más LPs ni tuviera los recursos para, por ejemplo, pasar a CD sus cassettes de los años ochenta. Luego del paso, mucho mejor dirigido, por los grupos Los Sonny’s y Los Stereos, las grabaciones de Flor Motuda se desperdigaron en discos 45, compilados y cintas independientes indignas de su relevancia. Este disco, su debut solista, fue una grabación para el desaparecido sello Apri que hoy sólo se encuentra en vinilo, pero que merece la pesquisa y la inversión por ser lo más parecido a una edición autoral (con la producción, secuencia y calidad de un álbum) que existe sobre el cantante más entrañable de Curicó.

Están, de partida, los hits. Para 1977, Motuda ya había legado suficientes estampas para los venideros recuentos del Festival de Viña con su traje de goma amarillo y su inolvidable interpretación de “Brevemente… geeeenteee”, uno de las pocas canciones que en Chile han conjugado enganche masivo y profundidad humanista. Es solidaridad, empatía y fe en el poder colectivo («y es por eso que a veces me gusta integrarte / a vivir tu vida de anónima gente / felices, llorando / formando, la gente») lo que acoge este vago trote andino, que en este disco se presenta en una grabación llena de reverberancia y muy marcados coros femeninos. Es una épica expresada con dulzura y cierta timidez, que luego se desata en un gran canto social para “Pobrecito mortal, si queres ver menos televisión descubrirás… ¡qué aburrido estarás por la tarde!”, el tema con que, en 1978, Motuda dejó fuera de la OTI al popular Óscar Andrade y su “La tregua”. La solidez estructural de ese canto contra la rutina del empleado promedio sigue siendo conmovedora, a tres décadas de su composición. Comienza con un falsete medio disco, agarra vuelo con un crescendo algo inquietante, sigue con un contrapunto vocal acomodado entre violines, y planea luego en un estribillo machacante pero seductor, adornado por muy criteriosas intromisiones de trompeta y bajo eléctrico. Su texto extraordinario es el diagnóstico más certero y bien sintetizado que haya logrado nuestra canción para retratar la suerte del chileno medio atrapado en una rutina que no comprende ni disfruta. La manipulación de la sociedad del espectáculo es hoy moneda corriente de debate sociológico, pero Motuda advertía sobre su peligro antes que cualquier otro creador popular («periodistas de televisión / ¡salven la vida de la sociedad!»), y con una gracia que le permitía pasar un buen gol: burlándose de la mediocridad televisiva precisamente en sus narices.

Ahora está empezando la Tercera Guerra
las informaciones me mantienen angustiado
las noticias me persiguen todo el día
ya llegaron los platillos voladores.

«¡¿Cuándo?!»
En la tele.
«¡¿Cuántos?!»

Ya no tengo ganas de llegar a la oficina,
de plancharme la camisa,
corre todo muy de prisa
Sólo quiero descansar.

Pobrecito mortal,
si quieres ver menos televisión
descubrirás qué aburrido estarás
por la tarde.

Y aunque el informativo te estremezca
un poquito, tú mientes
y en el fondo no puedes negar
que te gusta.


Tan poco esperable era entonces esa forma de apelación social, que Motuda no tuvo problemas de encantar con ella hasta a los militares. Curiosamente, sus enemigos de la época no fueron los censores de la dictadura, sino los fundamentalistas del folclore chileno, que no concebían que este osado ex profesor primario compusiera una “Cueca espacial”, otra “Cueca calientita” y una “Tonada deliciosa” con respectivas alusiones a un viaje de exploración sideral, un baile erótico, y un largo y húmedo beso. La verdad es que, pese a los tikititikití y los rasgueos de guitarra, ninguno de los tres temas corresponden, ni por arreglos ni por estructura, al género que aluden en su título, y se adivinan, más bien, como el intento de Motuda por saludar a la música chilena campesina desde una legítima vocación de mezcla, experimentación y fresca sensualidad (sin ahorrar alusiones físicas). En tal sentido, lo que para los puristas fue entonces irreverencia, se interpreta a la distancia como un respetuoso rescate posmoderno de áreas vedadas para la canción popular de la época.

Sobre su afecto por el folclore chileno no caben dudas: el carácter geográfico de este disco se cruza como rasgo esencial de identidad. La música andina sostiene de modo inequívoco temas como “Cachitos para el cielo” –composición de trote, acelerados charangos, y alusiones a «cholitas» y «cuerpitos morenos»– y la famosa “Tírale un ajo”, que huele todo el tiempo a altiplano pese a sus versos delirantes, y en donde se instala por primera vez Mariana, la musa que cruzará varias líneas del disco. El ánimo de una chingana en pleno desate es el que transmite la seudocueca “Esa niñita del patio ya está bailando desnuda”; y parece ser la fiesta de La Tirana la que marca el ritmo de “Mujer engrifada y bella” (la de «¡duraznos pelados! / ¡duraznos peludos! / ¡duraznos piluchos! / jijijí»). Desconocemos quién se ocupó de los arreglos de este disco enérgico, pero la profusión de vientos y la fuerza de la percusión es la de una orquesta popular brillante, probablemente inspirada en trabajos previos de Los Jaivas, pero con aún más disposición a la pachanga (muy en la línea de lo que, en los últimos años, intentan hacer grupos como La Mano Ajena o la Banda Conmoción).

La prueba final de que en este disco Motuda intentó legar un manifiesto popular está en los dos covers escogidos: a cuatro años del Golpe de Estado, el chileno levanta una excepcional versión con charango para “Ojalá”, de Silvio Rodríguez, tan calma y austera que hasta lo de «tu viejo gobierno de difuntos y flores» parece perder su carga subversiva (aunque, claro, la elección de un tema de la trova cubana no era ingenua; considerando que faltaban aún cuatro años para el pasaporte que, para el mismo tema, consiguió Gloria Simonetti). “La novia”, en tanto, es a la vez burla y homenaje a la canción chilena más correcta imaginable. Esa sufrida confesión de despecho amoroso se amolda aquí a un experimento sonoro y letrístico que la deja convertida en un artefacto espacial casi irreconocible («por el espacio van girando / con una escolta luminosa / dentro sus ejes van chirriando / la luz del diiiía»), rodeada de sintetizadores y trompetas más propias del pop de vanguardia que del cancionero romántico. Si existió alguna vez la posibilidad de enfrentar a Antonio Prieto, David Bowie y Ornette Coleman fue sólo en este disco atrevido, cuyos muchos referentes no alcanzan a quitarle un ápice de originalidad. El primer álbum de Flor Motuda es un hito de la creatividad autoral chilena, y es lamentable que siga creyéndosele apenas un testimonio de las ínfulas excéntricas de su ideólogo.


Escuchar: La novia

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5 Responses to “• florcita motuda – florcita motuda (1977)”

  1. spellbound Says:

    Felicitaciones Sol!!!

  2. Ariel Says:

    Excelente

  3. Roberto Says:

    Que la ta que no pongas el link al disco entero.
    cual es la idea?

    Para bajar
    http://www.megaupload.com/?d=DFGQKSIL

    gracias por la info de todas formas


  4. […] extraña para los platós televisivos de la época. Con observaciones y deconstrucciones similares, el fantástico primer disco de Flor Motuda llevaba ya seis años de edición para cuando apareció Vida, y es muy probable que el compositor […]


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