• isabel parra — … y parte del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (1972)

2010/07/22

Convenios con etiquetas como Warner y Oveja Negra, y la obtención de dineros del Fondo de la Música le han permitido en los últimos años a Isabel Parra poner bastante al día su discografía histórica. Dar con sus grabaciones ya no es la odisea que era hace una década, aunque buena parte de sus LPs de los años sesenta y setenta —varios de cuyos tracks sí han aparecido en compilados— es probable que nunca llegue a reeditarse tal cual fue concebida. De entre toda esa deuda, este peculiar registro grabado entre La Habana y Santiago de Chile constituye una pérdida especialmente lamentable. Por un lado, permite escuchar a una de las mejores voces chilenas desplegada junto a arreglos de excepcional altura, como lo eran, en los años setenta, los que pasaban por las benditas manos del conductor cubano Leo Brouwer y el grupo de investigación instrumental que desde hacía poco venía levantándose al amparo del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica) como brazo cultural prioritario de la Revolución. No se trata exactamente de canciones orquestadas, sino de melodías que —acomodadas entre flautas, violines, guitarras y bombos— ganan fuerza con nuevos timbres sin por ello perder su sencillez primigenia.

Pero, sobre todo, el experimento de este proyecto binacional permite tomarle el peso al estrecho y pionero vínculo que Isabel Parra estableció desde muy temprano con la Nueva Trova. Silvio Rodríguez, el principal símbolo de ese movimiento, es parte de este disco tanto en la interpretación de guitarra como en la firma de cuatro títulos, todos los cuales aparecieron en este álbum incluso antes que en la propia discografía del cubano. Isabel Parra había viajado por primera vez a La Habana en 1967, y pudo darse cuenta de inmediato de la enorme revolución creativa que se gestaba en las voces y guitarras de cantautores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, aunque ninguno de ellos había aún grabado un disco ni parecía caerle en gracia a la institucionalidad cultural comunista. Se estrechó ya entonces una amistad que permitió la primera visita de los cubanos a la Peña de los Parra en 1971 y que se afirmó con infinitas colaboraciones en discos suyos o de la chilena. Años más tarde, cuando nuestro país hervía de supuestos «descubridores» de la Nueva Trova, Isabel no creyó necesario imponer el justo reconocimiento a su visión pionera, que permitió ir pavimentando el camino para la amplia difusión de uno de los movimientos musicales más importantes que han existido en habla hispana.

Luego de ganar valiosa experiencia junto a su madre y a su hermano Ángel, Isabel Parra había ido desembarazándose de a poco del cancionero latinoamericano para afirmarse también como autora. En el valioso De aquí y allá (1971) —su mejor edición solista previa al exilio— combinó composiciones suyas con un tema de Pablo Milanés y otros tres de Silvio Rodríguez, el más difundido de los cuales, “Al final de este viaje en la vida”, volvió a este disco y ganó nuevos bríos gracias a una interpretación conmovedora («quedamos los que puedan sonreír / en medio de la muerte / en plena luz») y a la guitarra ágil del propio autor. En canciones así de poderosas, da la impresión de que no se necesita nada más que seis cuerdas y una garganta —transmite la misma fuerza “El cantar tiene sentido”, esta vez con rasgueo de Sergio Vitier—, y siempre es asombroso volver a escuchar un tema tan asociado a la voz de un hombre en el registro diáfano de la mejor voz femenina de la Nueva Canción Chilena. El disco, en general, conserva una frescura ideal para ir prestándole atención paulatina a la profunda lectura social de sus versos: aquí hay canciones sobre la educación infantil (“Acerca de los padres”), la hipocresía conformista (“Viven muy felices”), la denuncia de injusticias (“La hormiga vecina”) o la desolación existencial de Violeta Parra (“¿Por qué será, Dios del cielo?”, “Solitario solo”, “La lavandera”); sin que, por ello, el sonido se vaya cansando ni la interpretación de los involucrados se tiña de solemnidad.

Isabel Parra es hábil para alimentar esa inteligente ligereza con composiciones suyas llenas de dobles lecturas, como en ese tema de autoafirmativo despecho amoroso que es “Que sus ojos, que su pelo, que su amor” («yo no voy a estar llorando por quien no llora por mí / si se han secado las flores arraso con el jardín») o el gracioso manifiesto de la burguesa con súbito ataque de conciencia social allendista de “La compañera rescatable”:

Basta de frivolidades,
me denunció la conciencia,
déjate de atrocidades
que Chile no es Providencia.
Menos mal que mi marido
comprendió y tuvo paciencia
de verme, así de repente,
metida en nuevas audiencias.
La Tenuca no me mira
ni me incluye en el tecito,
porque dice que me ha visto
en la izquierda y dando gritos.
[…] Les digo que soy sincera
y me cuento entre la gente
que confían y trabajan
con el nuevo presidente.

Así, esta colaboración al margen de la discografía oficial de los involucrados (todos estos títulos pueden escucharse en otros álbumes, y es mejor pensar en él como un registro espontáneo de colaboración, antes que como un disco convencional de estudio) termina sintetizando, acaso sin querer, una de las virtudes menos reconocidas en los movimientos de renovación cancionística latinoamericana de los sesenta, como fue su capacidad para realzar el texto de la canción popular sin necesidad de alterar por ello una estructura amable y melodiosa. Son reflexiones fuertes las que aquí aparecen, y son las que tanto Isabel Parra como sus amigos cubanos consideraban ineludibles elaborar luego de décadas de hegemonía de un canto popular puramente asociado a lo amoroso. Sin embargo, su interpretación luminosa es la de creadores arraigados al gusto popular y convencidos del poder transformador de cualquier pieza de arte dirigida a las masas. Son canciones que hablan, por eso, de la visión adelantada de los involucrados y, también, de una época que logró levantar nuevos cimientos para el canto continental.

Escuchar: Al final de este viaje en la vida.

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2 Responses to “• isabel parra — … y parte del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (1972)”

  1. Viky Says:

    Quisiera poder guardar esta canción en formato MP3 para llevarlo en mi pendrive
    Gracias


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