• los cuatro de chile — homenaje a óscar castro. Volúmenes 1 y 2 (1971)

2010/08/05








La musicalización de poesía chilena es un amplio y vigoroso subgénero que ofrece vida inteligente mucho más allá del Alturas de Machu Picchu, de Los Jaivas. Casi no hay gran nombre de nuestro canto que no haya desvíado en algún momento su discografía hacia los versos de poetas nacionales, y es tal la variedad de formas que ese cruce ha generado (el sitio Pentagrama Poético ha intentado catalogar todo lo hecho al respecto) que no caben las generalizaciones: en el encuentro de poesía y música existen intentos afortunados, aburridos, deslumbrantes y atrevidos; pero —de los pulsos electrónicos para Gabriela Mistral al funk-rock para Nicanor Parra— nadie podrá decir que no tenemos de dónde elegir.

El clásico par de discos que en 1971 trabajaron Los Cuatro de Chile a partir de poesías de Óscar Castro es peculiar incluso dentro de esa diversidad. Voces dominantes de la grabación no son sólo las de los cuatro integrantes del grupo, sino también la de los dos actores invitados, Héctor y Humberto Duvauchelle —el primero, legendario relator en la Cantata Santa María de Iquique—, que convierten estos registros en una mezcla muy bien balanceada de canto y recitado. La quietud de algunas tonadas refuerza aquí los énfasis de la lectura, así como las limpias líneas de guitarras se acoplan sin distracciones a la palabra. No era la idea del fenomenal musicalizador Ariel Arancibia avivar sonoramente la poesía para «acercarla» al auditor, como suele pensarse debe hacerlo la musicalización de poemas, sino encontrar un modo respetuoso y coherente para sacar a Óscar Castro de los libros. Entiendo que poco antes de la edición del primer volumen, los hermanos Duvauchelle habían montado un homenaje teatral al poeta chileno en el Petit Rex, de calle Huérfanos. La familiaridad con su poesía estaba, por lo tanto, ya asentada, y se cuela sin manierismos en sus lecturas.

A veces (“La niña del alba”, “Lejano amor”, “Balada de la perdida voz”), el desafío se resuelve con los códigos populares de la tonada y el neofolclore (el rasgueo, los juegos vocales, la ubicación de algo parecido a un estribillo a mitad de camino); otras (“Responso a García Lorca”, “La lluvia empuja nostalgias”) provoca turnos vocales lo más expresivos posibles para que el tema parezca una auténtica pieza de teatro breve. Por su profusión de imágenes y trasparente apelación romántica, los textos de Castro son ideales para esa sugerente ductilidad. En “Romance de hombre nocturno” Arancibia ubicó un lejano golpeteo para ambientar mejor la historia del jinete sobre una yegua inquieta que no lo salva de la amenazante soledad nocturna del monte. Y en “Poemas a la tierra”, los breves pasajes a capella sólo aumentan la solemnidad de ese homenaje íntimo al Valle Central redactado por un rancagüino («el día en que tu entraña me recoja / y absorba / Te habré devuelto sólo todo lo que / te debo»). “Por Calle del Rey arriba” es otro de los grandes tributos de nuestra música a Manuel Rodríguez, aunque privilegia esta vez su vida romántica sobre su gesta armada.

Son dos los títulos más populares de estos discos, que tanto hicieron por la difusión de Óscar Castro como por el prestigio de Los Cuatro de Chile poco antes de la disolución del cuarteto (existen grabaciones posteriores de gente como Alberto Cortez y la Orquesta Típica de Alfredo de Angelis). A casi cuarenta años de su registro, el impacto ante “Oración para que no me olvides” y “Romance de barco y junco” sigue estando asegurado. La primera es una declaración de amor con muchas flores, colores y horizontes que, al borde de la cursilería (disculpada, por cierto), logra imponer un estribillo adherente sin más arreglos que un punteo de guitarra. La segunda lleva a la gloria la difícil técnica de la armonización de voces, y uno no puede sino rendirse ante un grupo capaz de esos dibujos asombrosos entre los tres registros graves masculinos y la frescura del timbre de la soprano Nelly Luco. No es sólo que armonicen bien sus respectivos registros, sino que también adoptan un fraseo de tempos variables, dificilísimo de reproducir. Es un tema que potencia la melancólica revisión de Castro a su infancia y las imágenes perdidas en ella, y que avanza entre sorpresas constantes al oído, por la profundidad de las reflexiones pero también por la madurez de las voces a cargo de reproducirlas.

Uno no entiende muy bien qué talento extraordinario permitió al compositor de “El patito”, “La gotita” y “El bailongo” cruzar de este modo impecable a lo que llegó a llamarse «folclore cultural», pero Ariel Arancibia no merece ni la más mínima sospecha por el cambio. Sería injusto agradecer su legado sólo por aquellas cancioncias efectivas, olvidando el hito que levantó en estas grabaciones de un folclore chileno de elegancia ya perdida.

Escuchar: Romance de barco y junco.

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4 Responses to “• los cuatro de chile — homenaje a óscar castro. Volúmenes 1 y 2 (1971)”

  1. Evelyn Says:

    hola que tal,será posible que vuelvas a subir el disco?
    estariamos muy agradecidos aquí en casa!
    saludos

    mi mail: e.martinezcarmona@gmail.com

    buena semana!


  2. Este disco es excelente, difícil encontrarle un punto bajo.

  3. http://dream-analysis.org Says:

    I dugg some of you post as I cogitated they were extremely helpful very useful.


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