Hablar de buenas voces se ha convertido en Chile en un anacronismo. Tanto en el rock como en el pop y la balada, son decenas las condiciones que hoy se consideran muy por encima en la valoración de un intérprete: su actitud, su imagen, su ambición, su personalidad, su vida íntima, sus logros contables. Acaso por ello, las grandes voces de nuestra música sean una categoría que el análisis asocia automáticamente al pasado: a figuras ya fallecidas o prácticamente retiradas. No puede ser coincidencia que los mejores cantantes de nuestra historia —Lucho Gatica, Antonio Prieto, Rosita Serrano, Sonia y Myriam, Mona Bell, Humberto Lozán— hayan florecido en Chile en grabaciones de vinilo y salones de hotel; formatos y espacios ya en desuso.

Son otros los tiempos y prioridades, y un periodista de espectáculos puede hoy escribir doscientas notas sobre mujeres cantantes sin tener idea quién fue Sonia von Schrebler, la integrante del dúo Sonia y Myriam que a partir de los años sesenta fue conocida en Chile y Latinoamérica como Sonia la Única. Vive en Santiago y atestigua, ya sin actividad profesional, los cambios de una escena en la que sus antiguos requerimientos serían impensables: grandes orquestas, imbatibles arregladores, compositores de excelencia, giras bien organizadas ante audiencias atraídas antes por un buen canto que por una campaña promocional eficaz. Lo que genera volver a los muchos LPs grabados por ella como solista (desde 1964 en adelante, ordenados todos en una secuencia cuya pista es lamentablemente imposible de seguir hoy) es la admiración por un talento vocal de excepción, pero también por un modo de enfrentar la música popular ante el que el auditor atento no puede sino sentir nostalgia.

Escogimos este disco, Esta noche la paso contigo, como podríamos haber elegido muchos otros de su paso por RCA-Víctor: Te amaré toda la vida, En bossa, Con mariachi, Adiós, tristeza o Sonia la Única y el amor son grabaciones hoy casi inencontrables, jamás reeditadas en CD, de cuyos créditos de colaboración no tenemos pistas. En estas grabaciones sabemos que debe haber equipos intachables, pero no hay modo de adivinarlo a partir de los archivos que hoy dan vuelta por internet. Lo que se repite como norma de calidad es la pauta que podemos asir: repertorio latinoamericano con especial predilección por Cuba, México y Brasil; arreglos de grandes orquestas, que tanto pueden acotarse a un bossanova suave (“La conversación”) como usar la pompa completa (como en la dramática “Con un poquito de esta noche”, de Armando Manzanero, o “Esta noche la paso contigo”, un tema de la mexicana Laura Gómez escrito especialmente para la chilena, y que sólo después de esta grabación se estandarizó en otras voces. El bolero “Sacrificio” (de Chucho Monge) o la chanson “El amor es triste” pierden aquí la carga melodramática impresa por otros intérpretes y ganan en voz de la chilena frescura, ductilidad y ternura. Cuando en un tema como “Estafa de amor” aparecen coros de voces de fondo, se entiende de inmediato el contraste:  el fraseo de Sonia la Única se impone sobre ellas con claridad y dirección. En la traducción de “Without her”, de Harry Nilsson, esa ductilidad es la de una actriz excepcional: la cantante suena intrigante, luego seductora y, al final, desesperada («¡Moriré sin él!»), en medio de una orquesta de violines que avanza a golpes y que se repleta de quiebres y sorpresas en apenas ciento veinte segundos. Con sus trinos de pájaros y final de redobles, “La pajarera” es la mejor canción para una estrella del musical que Sonia nunca llegó a interpretar.

Se habla mucho de Sonia la Única como una intérprete magistral de boleros, pero es probable que su paso entre géneros la ponga en una categoría aún más apetecida: la de una voz de excepción para la música latinoamericana en general. Al no estar casado con un género en específico, este disco es prueba imbatible de su comodidad en los más diversos formatos, y de su elegancia impecable para asumir en voz propia el desgarro de la pasión amorosa más profunda. Entiendo que la revista Ritmo la llamó alguna vez «la dama aristocrática de nuestra canción». Yo prefiero escuchar a Sonia la Única como una mujer osada, capaz de elegir una canción romántica por su contenido e interpretarla desde un sentimiento sobrio y apasionado a la vez. Ya casi no se ven cantantes así. Ya casi no se escucha música así. El mazazo del cual cuesta recuperarse al escuchar este disco es que hacer música de tanta calidad hoy no vale la inversión.

Escuchar: Sin él

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